07 – Carrer Orient, 8

Claudia Antonelli
Úbeda, Jaén
@claudiartonelli


Hay una canción que, desde que la escuché hace años, me ha resonado en la cabeza de forma habitual, y se trata de Movimiento, de Jorge Drexler. Su estribillo dice así:

Nunca estamos quietos
Somos trashumantes, somos
Padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes
Es más mío lo que sueño que lo que toco
Yo no soy de aquí, pero tú tampoco
Yo no soy de aquí, pero tú tampoco
De ningún lado del todo y, de todos
Lados un poco

Estas palabras siempre me retrotraen a mi familia, a mi tatarabuelo que emigró desde un pueblecito del sur de Italia a Uruguay, buscando un futuro mejor; a los primos lejanos de mis abuelos, que eran descendientes de irlandeses; a mi abuela, que pasó parte de su vida en Uruguay, otra en Granada, y emigró a Francia; y a mi madre, que, con sus raíces latinas, tuvo que adaptarse a otro país, y terminó enraizando en España, en Jaén.

Al igual que mi familia, son miles y millones de personas las que emigran. Su cultura se entremezcla con la de muchos otros, y eso es lo que da la riqueza a las personas, a los barrios. Hablar otras lenguas, probar otros sabores, olores y sonidos, conocer un poco más de las personas con las que convivimos, aprender de todos ellos. Este proyecto habla de esa realidad de tanta gente, de ser de un lugar, pero no, de todas partes y de ninguna.

En el centro, un reflejo que bien podría ser yo, u otra persona, se abraza las piernas y su rostro transmite paz, estar tranquila con ella misma, con sus orígenes. En su ropa, su pelo y su piel, tiene diferentes plantas. Estas flores y plantas son las representativas de distintos lugares, y van con ella, no como una carga, si no como una marca que la hace ser quien es. Las margaritas de Italia, el trébol de Irlanda, el ceibo de Uruguay, el lirio de Francia, y el olivo de Jaén. Estas son las marcas que, en mayor o menor medida, la acompañan en su vida.
A su alrededor, además, se desarrollan con líneas algunas otras flores en el prado, superponiéndose unas con otras, entremezcladas. La peonía de Rumanía, el clavel de España y de Marruecos, la orquídea de la virgen de Honduras o el aciano de Alemania, son algunas de las que aparecen.
La variedad en la flora es lo que da riqueza a un paisaje, y de la misma forma, la riqueza cultural la da quienes habitan.